Una vez terminado Anna Karenina, me decidí a leer Moby Dick. Hacía mucho tiempo que no tardaba tanto en terminar un libro, y desde luego jamás había sufrido así para terminar ninguno. Cuando llevaba unas cien páginas, momento en que normalmente habría abandonado la novela sin mirar atrás, decidí que debía ejercitar mi perseverancia y terminarla, al fin y al cabo es un gran clásico que ha servido de inspiración en miles de ocasiones, y por algo tenía que ser.
Como novela me ha parecido aburridísima. Hasta niveles insospechados y creo que con plena consciencia del autor, que ha logrado que sus lectores vivamos un calvario similar al que vivieron los tripulantes del Pequod en su momento.
Me ha hecho gracia que cuando en un momento de desesperación en la lectura me puse a buscar reseñas al respecto, mucha gente comentaba que habían leído una versión juvenil de la obra, y estaban deseando poder leer la novela original porque en su versión "mutilada" perdía toda su profundidad. Tened cuidad con lo que deseáis amigos...
Bueno, ahora que ya me he desahogado, debo decir que probablemente parte del problema es que Moby Dick no es una novela en el sentido estricto del término.
Empieza como una novela, la narración es fluida, incluso divertida, nos presentan a un personaje genial como es Queequeg, que por desgracia casi desaparece desde que nos embarcamos en el Pequod, y todo apunta a que vamos a vivir una gran aventura. Y entonces todo cambia.
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| Bill Sienkiewicz |
El autor dedica capítulos y capítulos a temas como la clasificación de los cetáceos, el simbolismo del color blanco, los aparejos necesarios en un ballenero, las partes del cuerpo de una ballena, explicaciones técnicas y detalladas hasta un punto enloquecedor del desarrollo de la caza de ballenas...
Parece ser que en el siglo XIX, cuando Herman Melville, valiéndose de su experiencia personal, escribió este libro, lo hizo en parte como un tratado sobre las ballenas, esos seres desconocidos y fascinantes para el resto de la población, de los que nada sabían, y de los que se extraía el aceite para lámparas antes del uso del queroseno y el petróleo.
De entre todos estos soporíferos capítulos sí es cierto que hubo algunos que me llamaron la atención, como aquellos en los que describe el comportamiento de las ballenas cuando viven en grupo, y un capítulo muy curioso sobre el simbolismo del color blanco.
Pero por ejemplo el tema de la clasificación de cetáceos, y la explicación exhaustiva de las partes de una ballena, me parece que habrían sido explicados mucho más claramente con ilustraciones, y nos habríamos ahorrado mucho aburrimiento.
También está el hecho de que cuando volvíamos a la historia propiamente dicha y por fin veíamos a los tripulantes del ballenero en plena acción cazando ballenas, las pobres me daban una pena horrible, y lo pasé fatal leyendo sus espantosas muertes.
Luego está el capitán Ahab, el verdadero protagonista del libro, al que tardamos mucho en conocer, con el consiguiente grado de expectación. En teoría este personaje tiene muchísima fuera y carisma, pero yo no lo sentí, sí, se entiende que está obsesionado, que consigue dirigir y manipular a toda la tripulación desde su obsesión y locura, pero a mí no llegó a calarme, no me lo creí.
Otro tema importante que se toca varias veces a lo largo de la novela es la religión, pero es tratado de un modo muy formal y envarado, muchas referencias bíblicas, mucho hablar del cielo y del infierno...
Dicen que la primera lectura de este clásico suele ser decepcionante, pero que más adelante eres capaz de apreciarlo en toda su plenitud. Sinceramente no creo que le dé otra oportunidad.
Como curiosidad, el que esté parcialmente basado en una historia real, la del ballenero Essex, sobre la que podéis leer en wikipedia. Y también que buscando imágenes para esta reseña he descubierto que existe una versión ilustrada por el grandísimo Bill Sienkiewicz, un artista extraordinario que no es todo lo conocido que debiera fuera del mundo del cómic.
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| Bill Sienkiewicz |
No le voy a poner puntuación, creo que le daría un 1 sobre 5, pero cuando preparé las notas fui tan optimista que no pensé que fuera a puntuar por debajo de 2.